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De viaje al desierto llegamos a  Dades, lugar a medio camino y donde teníamos nuestro hotel. Una vez la noche cubrió de negrura el entorno,  decidimos dar un pequeño paseo por un  camino pedregoso iluminados tan solo por la luz de nuestros frontales y tras unos minutos caminando, encontramos un lugar donde poder sentarnos. Fue en ese momento, cuando apagamos nuestros frontales y nos quedamos en silencio rodeados por una profunda oscuridad.

La falta de luz hace que el resto de nuestros sentidos trabajen con mayor intensidad y es en ese ahí cuando comenzamos a sentir un viento cálido que roza nuestros rostros, escuchamos la suave melodía del roce del viento con los árboles y más lejano, el sonido del agua de algún río o acequia cercana, una bella sensación natural que se siente  desde el corazón dónde afloran emociones internas profundas y compartidas por el grupo.

Nuestros ojos se adaptan a la oscuridad del momento, y solo cuando unas ligeras palabras nos invitan a mirar al cielo, aparecen un millar de diminutos puntos luminosos, como si de una reunión de luciérnagas se tratara.

Hermosa e intensa sensación, sin palabras.

Tras esa primera experiencia, y ya camino hacia las dunas del desierto de Erg Chebbi,  impresiona ver los paisajes en medio de la nada; cielos imponentes, nubes que van y vienen, ofreciendo variedad de escenarios, acompañados de intensos colores y matices creados por los rayos de sol, impresionante obras de arte de la madre naturaleza.

Y ya en el desierto, y subiendo a la gran duna, el tacto con la arena, tan rica en minerales, y su diferente textura nos da una sensación cálida, se asemeja a un suave masaje que se hace sentir en los pies, piernas y que te hace olvidar que estas ascendiendo una montaña y te ayuda a llegar a la cima, dónde te espera la  máxima sensación de plenitud, rodeado de un paisaje natural  infinito nos sumergimos en nuestro yo interno:

En medio de la nada, pura naturaleza – salud emocional – plenitud interna.

Momentos que te invitan a solo sentir desde  el corazón,  sin pensar, dejando a un lado la mente  solo siendo consciente de la belleza de todo lo que te rodea y por supuesto, compartiendo con los amigos que te acompañan.

Estas emociones en medio de la nada se convierten en una experiencia vital que se queda anclada en el corazón.

Por eso, yo aún continúo allí, en la cima de mi gran duna, aun cuando han pasado varios meses de ese momento infinito.

Extracto recogido de una conversación con Zulema,  emoción y sensibilidad en un frasco de perfume

alourido
Apasionado de los viajes y del desarrollo personal, he decidido hacer de mis dos grandes pasiones, mi vida. Además de ello y entre mis valores figuran el poder ayudar a los demás, y que mejor forma que propiciando su propio desarrollo emocional.
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